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CONTRA VIENTO Y MAREA
por Arsenio Díez.
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Escribir lo que sigue no tiene ningún mérito. Lo que sí tiene mérito es el testimonio de cada uno de los componentes de es “mesa redonda” que aparece en la foto. La vida es un asunto difícil. La fe, también. Y de eso se trataba en la mesa redonda: cómo conjugar la vida de familia, con el trabajo y con el compromiso de fe. O de otra manera: qué aporta la fe a la vida de cada día. Esto, sucedió en Burgos este verano pasado. Adelante, lean y disfruten.
En esta ocasión habla MJ, que son dos letras de la palabra mujer, y que es enfermera en el Hospital Reina Sofía, en Murcia. Es también  madre de familia. Y es cristiana convencida; y muy activa en su parroquia, con jóvenes y adultos. El ambiente que rodea a MJ es con frecuencia adverso a la práctica y compromiso  de fe. Ella es valiente y emprendedora, como pueden ustedes comprobar. Yo tomé nota de lo que iba diciendo. Pero dejemos que hable y que se presente ella misma:

  • Soy madre de familia. Tengo una profesión que me encanta e intento ser buena persona. Sigo buscado  cual es la voluntad de dios en mi vida. Y procuro mantenerme libre para poder aceptar la imprevisibilidad del Espíritu. Intento ser buena persona y buena cristiana.

Su  vida de fe:

  • En mi niñez me presentaron un Dios duro y justiciero y me ha costado descubrir  y aceptar un Dios que es amor y perdón. El camino de la fe no ha sido fácil. Pero la fe me ha sostenido en las experiencias dolorosas. Pero he tenido la suerte de no verme sola en mi búsqueda de fe. Recuerdo lo importantes que fueron las Hijas de la Caridad en mi formación como enfermera y el testimonio de su entrega desinteresada al tratar con enfermos, vagabundos y pobres. Ni puedo olvidar tampoco, lo significaron las misiones redentoristas. Fue como encontrar el eslabón perdido, como salvar esa distancia inmensa que hay entre el altar y los bancos donde nos sentamos los feligreses. Reubicaron a Jesús en mi vida cotidiana y parroquial. Ahora ocupo todo mi tiempo libre: las asambleas, los jóvenes, las celebraciones, el compromiso con niños del tercer mundo.

La espiritualidad:

Todo esto  adquiere sentido gracias a la oración. La oración diaria es el motor, es la fuerza de mi fuerza, es el encuentro con Jesucristo, que es la fuente. Es lo que hace que todo tenga sentido y me libre del activismo. Cada día me pregunto: ¿Qué quieres de mí, Señor? Trato de poner orden en mi mundo interior y de fortalecerme con la oración  y la práctica sacramental, para no perder el sentido ni la dirección de la vida interior.

Ahora su trabajo:

  • Yo trabajo con creyentes, indiferentes y con ateos convencidos, aunque el ambiente en el trabajo es de increencia. También trabajo con creyentes, aunque no son creyentes convencidos; muchos que viven una religión “a la carta”, para uso particular. Pero entre unos y otros veo los valores de la solidaridad. Eso nos una a los creyentes con los no creyentes. Y con frecuencia me apoyan más los ateos que los creyentes, cuando les pongo la cara para ayudar en las misiones. También sufro por los ataques a la Iglesia jerárquica. Y sufro cuando la Iglesia juzga y condena, olvidándose de sus propios pecados. Yo, procuro no caer ni en el fanatismo ni en la indiferencia. No voy dando ‘bibliazos’. Procuro ser libre y no tengo  miedo a dar la cara. Porque ser cristiano es un modo de vivir y de enfocar la vida. Según están las cosas, ser cristiano es cosa de valientes.

Cristiana en el hogar:

  • Soy madre y esposa. Tampoco me resulta fácil compatibilizar vida de fe y de familia. Dar testimonio antes mis hijos y mi marido, sin forzar, tratando de comprender, es todo un reto. La mejor educación para los hijos, no es tanto la palabra, cuanto el ejemplo, la coherencia. Esta será la semilla que en un futuro podrá germinar en el corazón de mis hijos. Esta es mi esperanza.

Y, ¿tu compromiso de solidaridad?:

  • Es otro reto. Procuro servir al ser humano. Trato de atender a los necesitados de aquí, vecinos, amigos, familia…, y a los necesitados de allí. Trato de mantener los ojos abiertos ante las injusticias, las discriminaciones y la violación de los derechos humanos. Los cristianos estamos llamados a dar ánimo, poner esperanza, e infundir aliento; poner alma y corazón en este mundo  que se rompe.

¿Algo más?

  • Sí. Hago mía la oración de Thomas Merton, sacada de “!Pensamientos de la soledad”. Espero que os sirva tanto como a mí:

Señor, Dios mío, no tengo idea de hacia dónde voy.
No conozco el camino que hay ante mí.
No tengo seguridad de dónde se acaba.
No me conozco realmente, y el hecho de que crea que cumplo tu voluntad no significa que realmente lo haga.
Pero creo que el deseo de agradarte te agrada realmente.
Y espero no hacer nunca nada aparte de este deseo.
Y sé que si hago esto, tú me guiaras por el sendero recto, aunque yo no lo sepa.
Por eso, siempre confiaré en ti, aunque parezca perdido y a la sombra de la muerte.
No temerá pues tú estás siempre conmigo y no dejarás que me enfrente solo a mis  enemigos.

P. Arsenio. CSsR