MISIÓN EN CARBONERAS
(Almería)

2 al 18 de Marzo de 2006

El día 2 de Marzo los misioneros nos pusimos en camino desde Granada hacia Almería. Íbamos los padres José Luis Marra, Félix Gutiérrez y yo, Javier. Llegamos a un lugar llamado Carboneras. Después de las montañas desérticas de Almería apareció radiante la mar de Carboneras. Con sus casas bajas y blancas coronada por su iglesia.

Carboneras es un pueblo pesquero, industrial: tiene una fábrica de cementos y ENDESA con su chimenea de la térmica, y obrero, no podía faltar la construcción. Es un pueblo joven por su población, tiene tres colegios y el instituto para sus 6.543 habitantes.

Su sacerdote es D. Antonio Mata, joven, risueño y entusiasta que ya era un viejo conocido de los misioneros pues era su segunda misión con nosotros, la anterior misión fue en Adra. El domingo se nos añadió un nuevo misionero laico, José Luis, el médico, pues acaba de aprobar el MIR y quería compartir con los jóvenes las vivencias misioneras que había tenido en los grupos juveniles de Granada.

Se organizaron 17 asambleas familiares llenas de entusiasmo y animación aunque algunas no fueron muy nutridas pues escaseaban en zonas nuevas del pueblo. Las asambleas son la punta de lanza para llevar a los nuevos pobladores la evangelización. Fuimos a todas las escuelas y el médico en el instituto, a base de debates, cambió el ambiente hostil del principio en un ambiente positivo de saludos y amistad.

La segunda semana de misión fue bien participada en los diversos actos y celebraciones de la misión. El ambiente de las celebraciones y de los grupos fue muy entrañable y participativo. Para mí, lo mejor, los jóvenes que se entusiasmaron con los misioneros: José Luis y Pedro López.

La guinda del pastel fue el rosario de la aurora, donde rezamos por la gente del mar a su Virgen del Carmen con las coplas marineras. Todavía estaba reciente el naufragio donde tres pescadores perecieron en la playa de los muertos y se salvó un senegalés. Este participó en las asambleas junto con otros ocho morenos y estuvieron hasta en la celebración de asambleas, aunque solo uno era cristiano, los otros eran musulmanes.

Nos hemos sentido queridos sobretodo por Antonio, el sacerdote, y por toda la parroquia. Su cariño y sencillez ha quedado grabada en cada uno de nosotros. El día 18, después de la emotiva celebración de despedida que presidió el vicario general de la diócesis, partimos para una nueva misión.

P. Javier Recio. CSsR