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MISIÓN DE OLIVARES
(10-26 de junio de 2010)
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El médico preguntó extrañado: “¿Qué pasa en estos días, que no viene casi gente a la consulta?”. Y la respuesta fue rápida: “Es la Misión”. No es un cuento inventado, si no una de las muchas anécdotas de la Misión Parroquial que se ha celebrado en la histórica villa de Olivares, en la comarca sevillana del Aljarafe.

Comenzaremos por el final: la Misión ha sido extraordinaria. Y lleva siéndolo desde el principio, tras el verano del año pasado, cuando este proyecto se gestó en la misma comunidad parroquial de Nuestra Señora de las Nieves. Quizás otra buena anécdota sea que gracias a la advocación fresca de la Patrona de la Parroquia el calor no supuso una dificultad para la Misión.

Ha sido muy numerosa la participación de personas de la comunidad en las visitas a los hogares, realizando la formación de animadores, entregando la invitación a participar en la Misión que se ha celebrado entre los días 10 y 26 de junio. Además, también hay que resaltar el especial compromiso de la Hermandad del Rocío con la Misión, en la que sin duda alguna han demostrado que la Madre de Dios les han impulsado, en un nuevo Pentecostés, a comunicar en nuevos lenguajes la experiencia del Espíritu.

Tardes sin gente en la plaza

En el Casino que hoy ocupa parte del palacio del famoso Conde Duque de Olivares también nos contaron que no se ve casi gente por las tardes en la plaza, como sucede habitualmente. La Misión ha ocupado las energías y el tiempo de muchas personas, y ha significado un auténtico acontecimiento: se hablaba de la Misión a la puerta de los colegios, en el supermercado, en los bares, etc.

Se han compartido dones y alimentos, palabras y silencios, lágrimas y sonrisas, dejando traslucir que Dios pasaba a nuestro lado y no nos dejaba indiferentes. Muchas mujeres apuraban sus tareas domésticas para dejar toda la tarde libre, y no perderse ni un segundo de las Asambleas Familiares Cristianas, en las que han participado cerca de 1000 personas. Los más jóvenes, justo en los últimos coletazos del curso y estrenando vacaciones, no dejaron de formar parte de la Misión.

Una misión de campeonato

También nos anotamos un punto importante: ¡ni siquiera la selección española pudo con nosotros! “Hemos ganado al mundial”, señaló muy acertadamente el jefe de los misioneros, “la misión 1, la roja 0”.

A mitad de la Misión, las Asambleas compartían sus vivencias a través de unos símbolos, algunos provocadores de risas entre venerable párroco y joven coadjutor. Somos como un grifo que gotea: aunque pierda agua, aún cumple su misión. Somos un girasol de mil hojas, que giran unidas mirando hacia el sol que habita en el cielo y nos da la vida cada día. Somos marineros que aúnan esfuerzos en el mismo barco, y que no lo abandonan a la tempestad aunque caiga –o el peso de sus ocupantes sea considerable-.

La Misión durante la segunda semana ha reunido a muchas personas en las celebraciones, que se han desarrollado en la ex colegiata parroquial, en la iglesia del centro de Caritas (presidido por el icono del Perpetuo Socorro, recuerdo permanente de la Misión de 1961) y en un centro municipal de formación, en la barriada del Conde Duque. Los misioneros hemos estado en el Instituto del pueblo y visitando en sus casas a un centenar de enfermos. Laicos Redentoristas y jóvenes de la comunidad de Sevilla apoyaron la misión visitando asambleas, y participando en el encuentro de matrimonios y la vigilia de oración de los jóvenes.

Olivares da mucho

 “Olivares es un pueblo que da mucho”, escuché una y otra vez visitando las diferentes Asambleas. Es la localidad con más donantes de sangre de toda la provincia de Sevilla, y ocupa los primeros puestos en la colaboración con colectas como el Domund, Caritas o Manos Unidas. Y hoy yo quiero dejar, blanco sobre negro, que es así: Olivares ha dado a nuestro equipo misionero redentorista, el CESPLAM, una experiencia extraordinaria de apertura a la Buena Noticia del Evangelio. Olivares nos ha dado tanto calor, tanta fe y tanta alegría que somos nosotros los misionados por toda una comunidad parroquial que sigue ahora, dejándonos huérfanos a nosotros, trabajando por abrirse aún más a la gracia de Cristo. Y por años seguirán resonando en mis oídos esas campanas de despedida, que me repiten, una y otra vez: “Olivares da mucho… lo da todo por el Evangelio”.

P. Laureano Del Otero Sevillano. CSsR