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MISIÓN EN SEPÚLVEDA Y PUEBLOS VECINOS
Villar, Urueñas, Aldehuelas, Hinojosas, Duratón y Sotillos
(Diócesis de Segovia)
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(27 de octubre - 12 de noviembre de 2011)


P. Juan José, D. Slawomir, D. José Ignacio y el P. Juan Bautista.

El 27 de octubre de 2011 se iniciaba la misión parroquial en la monumental y artística villa de Sepúlveda. Sus gentes -habituadas a recibir turistas- nos acogían con mucho cariño y entusiasmo, a pesar de que sus Fueros otorgados en el siglo X (940) por el conde castellano Fernán González, aún vigentes según “los nostálgicos”, prohibiesen la entrada en la villa de las órdenes religiosas y así evitar el pago de rentas.  

12 asambleas (tres más que la misión predicada hace 15 años) iban a ser las rentas o el fruto del trabajo de los párrocos (Don Slawomir y Don José Ignacio), visitadores, misioneros y responsables de la comunidad cristiana de Sepúlveda. Cinco días de reuniones por las casas, donde reinaba un ambiente de alegría, buena vecindad y de fe. Bastantes jóvenes y matrimonios de mediana edad se incorporaron en la dinámica de las asambleas. El último de estos cinco días tuvimos la grata visita del obispo y pastor de la diócesis de Segovia, Don Ángel Rubio. Su impresión fue muy positiva y alentadora.

Las eucaristías matutinas de esta primera semana ayudaron a descubrir el sentido y misterio del sacramento a través de los símbolos, explicaciones y cantos. Acudió un grupo nutrido de personas.

A partir del 6 de noviembre que se iniciaba la semana de la predicación en Sepúlveda, la misión llegó a las pequeñas poblaciones cercanas (Aldehuelas, Hinojosas, Sotillo, Duratón, Villar y Urueñas). Algunos de estos pueblos en invierno no viven más de 10 personas. La participación de la misión en algunos de ellos fue casi total.

En Sepúlveda, las eucaristías matutinas y especialmente las celebraciones misioneras de la tarde fueron en aumento.  Durante todos esos días, los sepulvedanos vivieron la misión con gozo y pasión, pues las celebraciones eran participativas y sentidas. Tuvieron una eclosión en la celebración del perdón en la que los sepulvedanos vieron un milagro: como el viejo tronco seco de un almendro volvía a brotar. Hubo quien dijo que el sábado se respiraba en la villa un mejor aire de fraternidad.

Se tuvo también varios encuentros con personas mayores, niños, adolescentes, jóvenes y matrimonios. La presencia de estos últimos fue bastante considerable y con el propósito de iniciarse un grupo de matrimonios, para seguir reflexionando sobre la difícil tarea de ser esposos y padres.

La clausura se celebró en el Santuario de la Virgen de la Peña, como no podía ser de otro modo, ya que es muy grande la devoción que se le tiene, y porque el motivo de la misión se debe a que en este año se cumplen los 15 años de la coronación de la Virgen.

Al concluir con la siembra abundante de distintas semillas en las doce macetas de las asambleas, uno de los párrocos, don José Ignacio, comentó en la iglesia: “aquí va a nacer la selva”. Eso es lo que pedimos y deseamos para Sepúlveda y los otros pueblos: una selva de gracias y bendiciones.

PP. Juan José Ferrero y Antonio M. Quesada. CSsR


Virgen de la Peña