En este núcleo urbano se ve clara la diferencia entre lo “civil” y lo “religioso” ya que por lo “civil” pertenece a Alicante mientras que por lo “religioso” a la diócesis de Valencia. Esta separación de “poderes” no altera lo más mínimo la vida cotidiana del pueblo.
Comenzamos la Misión el P. Fco. Javier Recio y el que escribe el “día de España” con “los ritos introductorios”, los tres primeros días para asentar los cimientos del edificio de las dos semanas de misión. Como casi el 99% de los lugares donde tenemos las misiones, estos tres primeros días son para despejar dudas, ahuyentar falsos fantasmas que aparecen en todas partes: “que las personas no van a ir a las casas”, “ que hay otros lugares en la parroquia para las reuniones”, “que las personas no van a atreverse a dialogar con los vecinos”, etc. La actitud de los misioneros frente a los cuestionamientos es siempre la misma: pedir un voto de confianza, vamos a intentarlo… y si no resulta ya veremos.
Después de la introducción viene la realización. Empezaron 18 asambleas con una buena participación; entre 10 y 25 personas por asamblea. Una media muy aceptable para los 1.350 habitantes del pueblo.
Las celebraciones de la mañana fueron otro interrogante ya que no había costumbre de Eucaristías matutinas a parte del Domingo. Comenzamos con 60 personas y al tercer día casi se duplicó el número.
El ambiente de misión en el pueblo, con la ayuda de la misión infantil en las catequesis de la tarde y en las clases de religión en las mañanas, si hizo notar.
El sábado compartimos la celebración de “Asamblea de Asambleas”. La Iglesia. grande y hermosa por la restauración, se llenó de personas deseosas de celebrar la vivencia de la semana a través de originales símbolos: paloma, cadena, piña (de pino), trozo de leña de la chimenea...
El domingo dio paso a la segunda semana de misión: Semana de la Palabra. Las Eucaristías de la mañana siguieron con el mismo número de participantes. Las celebraciones misionales a última hora de la tarde fueron muy concurridas y alegres. Se puede destacar el buen sentido musical y la curiosidad “biensana” de saber cual sería el símbolo del día siguiente.
El complemento necesario de la misión fueron las reuniones con personas mayores, matrimonios, adolescentes y jóvenes. Estos últimos encuentros siempre son más difíciles por las clases de música, informática, actividades teatrales o deportivas… y por las escasas ganas de participar de muchos adolescentes y jóvenes.
Poco a poco llegaron los últimos días de misión que sirvieron para que un pueblo muy religioso como este (en los alrededores le llaman el Vaticano por la religiosidad y la gran cantidad de sacerdotes, religiosos y religiosas que han salido del pueblo) asumiera el compromiso de vivir y fortalecer más intensamente su vivencia cristiana.
Después de más de medio mes de trabajo, devolvimos la tarea pastoral al párroco D. Rafael, muy conocido y querido en el pueblo de Beniarrés al que ha dedicado más de 20 años de su ministerio. D. Rafael mantiene hoy, gracias también a la misión, la esperanza de entonces.
P. Juan Bautista Jáñez
CSsR