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Mi impresión sobre la Misión Parroquial que hemos celebrado es muy positiva. Además de lo que haya podido suponer para las personas concretas que participaron en las Asambleas, las Celebraciones, etc, así como para las familias que han abierto sus hogares, creo que ha sido una gracia muy especial para las comunidades cristianas de Baltar, Golán, Grobas, Orois y Rendal. Todo es don, especialmente la fe; pero los dones que recibimos suelen estar sembrados en lo más cotidiano. Y digo esto porque el reunirnos, encontrarnos, participar, dialogar y celebrar en medio de nuestra vida de cada día, en nuestras casas, rodeados de nuestros familiares y vecinos ha podido ser como una llamada a descubrir y acoger a un Dios que no es ajeno a nada de lo nuestro, a un Dios que "anda entre los pucheros" - como diría Sta. Teresa- incluso en el sentido literal. Tuvieron estos días un sabor a las primeras comunidades, a iglesia doméstica, en medio de una sociedad que, aunque parezca que no influye tanto en el medio rural, nos quiere llevar por caminos de individualismo y prisa, de fe reservada al templo y a lo privado.
Por eso creo que debemos entonar un canto de acción de gracias: Gracias a Dios nuestro Señor, a la Santísima Virgen del Perpetuo Socorro y la Iglesia, por habernos concedido este don de la Misión Parroquial, que, sin duda ya ha producido sus frutos. E invocar su ayuda para que los pueda seguir produciendo. Además, antes de terminar, quisiera dar las gracias a los Redentoristas por vuestros trabajos y atenciones, que Dios os lo pague y que la Virgen, Nuestra Señora de Rendal os bendiga.
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