"MISIÓN CON FLORES, LIBROS Y BESOS"
Con este título puede parecer que estoy hablando de Cataluña cuando el día de San Jorge el novio regala a la novia una rosa y ésta un libro. Claro, lo del beso se da por supuesto.
Hablo de Santo Tomé, un bonito pueblo, situado en la ribera del Guadalquivir y en la falda de la Sierra de Cazorla. Contemplado desde una colina parece un jarrón de flores, colocado sobre un mantel de pana gruesa. Son las hileras de los olivos que cubren toda la campiña.
En este pueblo acogedor y simpático he estado misionando en compañía del P. Manuel Cabello. Estas cualidades de los fieles, que resaltan, de un modo especial, en su párroco, D. Bartolomé, han contribuido a que la misión, según el método del equipo misionero Cesplam, además de fructífera, haya resultado gratificante. Buen augurio para el vecino pueblo de Peal de Becerro donde se misionará próximamente.
Resumo mis impresiones en tres apartados:
Las flores
El pueblo había florecido con motivo de Todos los Santos. El matrimonio, Poli y Vicenta, floristas de profesión, habían traído cestas y cestas de claveles de Colombia, a los que unieron las flores de su invernadero. Atrajeron mi atención las rosas que, excepción entre las rosas modernas, que se niegan a darnos su aroma, éstas exhalaban una agradable fragancia. Vicenta me descubrió el secreto: Ella las ayudaba con un perfume.
La flor es el testimonio inmortal del amor. Florecieron en una primavera de celebraciones, donde sobresalía la generosidad para con Dios y los hermanos. A los pies de la Virgen se depositaron besos y corazones, con lágrimas que, como en las bodas de Caná, Jesús convertía en vino.
Dios nos dotó con una lengua y dos oídos para indicarnos que debemos escuchar más que hablar. Los habitantes de Santo Tomé escucharon a los misioneros en el templo, a los vecinos en las casas, a los hijos en el hogar, escucharon a Dios en la oración, y hablaron de sus vivencias humanas y evangélicas.
Todos aprendimos la lección de las flores. No se abren, aunque se les grite, se les riña y se les golpee, se abren con el beso del sol que las calienta con cariño.
Los libros
Maruja traía una vela encendida para colocarla a las plantas de la Virgen de los Remedios, patrona de Santo Tomé. Le pregunté de dónde provenía el amor que profesaba a la Virgen. Me respondió:
• Del lugar de donde viene esta luz.
• Pero, la luz se marcha con la llama.
• Y, mi amor va acompañándola.
El compromiso de la misión es atizar el fuego para que levante llamas de luz, que alumbre a todos. Cuando la luz se debilita y a penas es percibida por los ojos, se la puede alimentar por medio de los oídos. Para esto sirve la predicación y la lectura. Así lo entendió Maruja y otras muchas mujeres que se suscribieron a la revista Icono. Ahora son los redactores del “Perpetuo Socorro” quienes continuarán la predicación misionera.
Los Besos
Durante la misión se desbordó la bondad y el amor que late en el corazón de los cristianos de Santo Tomé. Con su párroco por delante, se volcaron en manifestaciones de agradecimiento y cariño.
El amor tiene infinidad de iniciativas, recursos y gestos para exteriorizarse. Los misioneros somos los testigos agraciados con esa abundancia de dones: Apretones de manos, palmadas en el hombro, abrazos, besos y obsequios propios del lugar misionado: El aceite que sirve para ungir sacerdotes, profetas y reyes.
Cada uno nos mostró los sentimientos según su elegancia de espíritu. El coro parroquial lo hizo con música. Esta es la letra del canto:
A los queridos padres misioneros
les damos gracias de todo corazón
por su cariño y sus desvelos
hacia este pueblo con tanto amor.
Padre Manolo, Padre Benigno
que Dios les premie su gran fervor
Santo Tomé, que es nuestro pueblo,
les dice adiós o hasta luego.
Las asambleas de nuestros vecinos,
como también el coro parroquial
les deseamos mucha ventura
en su tarea tan misional.
A nuestro párroco Bartolomé
le damos gracias por este bien
al conseguir con tanto ardor,
un aire fresco de paz y amor.
P. Benigno Colinas. CSsR