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Testimonio misionero

"¡VETE FUERA, SATANÁS! "

(Selva alta-Perú. Agosto de 2014)
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No sé si este boli con el que escribo, conseguirá pasar al papel lo que tengo en mi cabeza, que es la historia más “chusca” de esta parte del nuevo mundo.  Voy a intentarlo. Se trata de tres hermanos: Adolfo, Tomás y Segundo, los que ven en la foto, tomando “un agüita”. Los tres son catequistas, en esta extensa y desvencijada parroquia, de la selva alta del Amazonas. Los tres son hijos del mismo padre y de la misma madre, lo cual ya es un punto a su favor. Los tres tienen su propia familia; una familia estable y unida, que ya es el “no va más”.  Los tres son constantes en la celebración de la Palabra y se toman muy en serio su formación religiosa. Y, por fin, los tres están en lucha permanente con los pastores de otras confesiones religiosas, que quieren  “conquistarlos” para su iglesia.
Es Tomás el más seguro de sí mismo y a la vez el más dialogante con los “sectarios”, según él me dice:

  • Con los que más, contacto tengo es con los nazarenos, debido a que algunos de mis compañeros de trabajo son de esta secta. Ellos no tienen formación bíblica, sólo aprenden cuatro ideas para atacarnos a los católicos. Yo, hablo con frecuencia con ellos  de la Palabra de Dios. Y como no saben responder, mandan a un pastor para convencerme y que me pase a su iglesia.
  • Pero no lo han conseguido…
  • No, padre. No lo han conseguido ni lo van a conseguir. Yo soy fiel a mi Iglesia y lo seré siempre, con la ayuda de Diosito. No hay peligro. A ellos no les da reparo en ofrecerme dinero. Fíjese lo que me decía uno de sus pastores: “Señor Tomás, pásese con nosotros. En medio año se prepara y ya es nuestro pastor. Y mientras se prepara, nosotros cuidamos de su familia y sus animalitos. Después le damos 500 soles más las primicias…

La tentación es fuerte, cuando la economía anda flojita. Conozco a algunos catequistas que sí se pasaron al otro bando. Pero éste no es el caso de Tomás.

  • Yo le respondí al pastor que mi promesa de servir al Señor era gratis. Pero yo me llevo bien con esos sectarios y nos ayudamos en el trabajo, aunque cuando se trata de religión no se puede hablar con ellos. Tienen mucha ignorancia y fanatismo. Ellos nos tienen por nada a los católicos…
  • También con los Testigos de Jehová has tenido tus enfrentamientos, ¿verdad?
  • Claro que sí. Ellos van rápido al negocio. También me ofrecieron plata. Por evangelizar cinco casas me subían un grado de categoría. Yo me lo tomé a broma y ellos se marcharon muy enojados. Ya no me volvieron a ofrecer plata. Pero los más duros e intransigentes con los miembros de su iglesia, que no pagan, son los de Nueva Jerusalén.
  • ¿Por no pagar el diezmo?
  • Así es. Los que se atrasan en el pago del diezmo reciben un castigo muy severo. Algunos tienen que caminar de rodillas durante días, hasta librarse de su culpa. A otros les obligan a aportar un quintalito de papas o de yuquita; o un ternerito. Los pastores se aprovechan de los más inocentes y les sacan la plata de mil formas… Aunque los peores son los sacadiablos.
  • ¿Los sacadiablos? ¡Madre mía, qué miedo! Cuenta, cuenta…
  • Sí. Estos insultan a Satanás para sacártelo de encima y después que ya estás libre del diablo te invitan a que te pases con ellos. A mí me asustaron mucho, la verdad. Me invitaron a una liturgia suya y cuando ya entraba en su salón, todos comenzaron a gritar e insultar a Satanás: “¡Salte fuera, Satanás! ¡Vete fuera, maldito, Satanás! ¡Vete de aquí, Satanás…” Pero yo, con la bulla entendía: “¡Márchate, Tomás!” Y rapidito me marché, diciendo: “Hay que ver, primero me invitan a entrar y después me votan fuera”. Y ya no volví más.

Yo disfruto mucho escuchando a Tomás. Todo lo cuenta con sencillez y sin rencor. Y me viene a la mente su paisano Tomás; el incrédulo del evangelio, que no creía si no veía. Pero el Tomás de nuestra historia no necesita tocar al Señor para creer en Él. Éste, vive la fe y ejerce su compromiso de catequista, con la mayor alegría y  naturalidad del mundo. Seguro que el Señor Jesús, le tendrá reservado un puesto de honor en el cielo, donde podrá seguir lidiando con los pastores evangélicos por toda la eternidad. Porque digo yo: los protestantes también irán al cielo ¿no? Mientras ustedes se aclaran con esta cuestión teológica fíjense en las fotos que acompañan este escrito. Ahí tienen a Tomás con sus hermanos, también catequistas. El otro, el de los huesos, es misionero redentorista, por la gracia de Dios.

P. Arsenio Díez