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Testimonio misionero

"HAMBRE DE PAN, HAMBRE DE CULTURA Y HAMBRE DE DIOS"

(Parr. San Marcos-Pomacochas (Perú). 20 de agosto de 2014)
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Han transcurrido ya 15 años de aquella misión que tuvo lugar, a cargo de los misioneros redentoristas del CESPLAM en la diócesis de Chachapoyas, del Norte del Perú. Amazonas es un departamento del Perú ubicado en la parte norte del país. Limita al norte con la república de Ecuador y al Este con Brasil. Abarca 39,2 mil km² de agreste territorio, casi como la comunidad autónoma de Extremadura. En su mayoría está cubierto por la Amazonía, con algunas zonas altas al sur, donde se emplaza la capital, Chachapoyas, a una altitud de 2.335 msnm. La pastoral está atendida por19 sacerdotes, entre autóctonos y misioneros. Poquito ¿verdad? Pues eso es lo que hay.

Recuerdo aquella misión, de mayo a julio de 1.999, como un reto y como una bendición. Como una bendición, porque la Palabra de Dios siempre es una bendición que da fruto abundante, a su debido tiempo. También como un reto y una pesadilla, por las dificultades geográficas y las carencias materiales existentes. Todos los misioneros, veintiuno en total, salimos “tocados”; unos en su cuerpo y otros en su alma. Pero no salimos hundidos. Algunos cayeron enfermos, otros besaron el barro, o porque se cayeron de su botas o porque se cayeron del caballo. Pero todos se levantaron del barro. También Jesús cayó tres veces y tres veces se levantó. Y aunque uno no pueda con su alma ni con su mochila,  siempre hay un Cirineo o una Verónica dispuestos a ayudar y socorrer.

En la mayor parte de las parroquias de esta diócesis, la misión de entonces, no ha tenido continuidad, pero en otras, la misión no solo no se ha interrumpido, sino que  “va a más” y a mejor. Y esto lo digo por la parroquia San Lucas de Pomacochas, que está situada a 2400 metros de altitud, junto a la laguna que lleva su nombre. La sede, Pomacochas, no tiene más de tres mil habitantes y otros tres mil más, repartidos en unas 30 pequeñas comunidades, situadas al borde de la única carretera, que se adentra en la selva baja o en el interior de la selva alta.

Todas las comunidades tienen uno o varios catequistas, cuando hace quince años muchas carecían de él. Todas las comunidades tienen formación de adultos, desde hace diez años  (Asambleas familiares cristianas). Estos grupos están dirigidos por 70 animadores. El reto es que los cinco grupos juveniles que hay en la parroquia, permanezcan y se creen otros en las demás comunidades. El reto es  instaurar en todas las aldeas, la catequesis infantil. El reto también es consolidar un grupo misioneros  compuesto por hombres y mujeres jóvenes, para visitar periódicamente y animar a los creyentes de estas comunidades de la selva amazónica.

Ya ven que es poca cosa la labor realizada, pero es mucho, comparado con lo que no había. ¿Cuando se terminara de superar estos retos? Nunca, debido a las dificultades geográficas, falta de formación, movilidad  de la población… Pero la esperanza y la ilusión, nadie nos la va a quitar. Hace unos días hemos celebrado, con toda la Iglesia, la fiesta de San Alfonso, fundador de los misioneros redentoristas. A él se le partía el alma viendo a aquellos cabreros de Escala, que andaban “como ovejas sin pastor”. Esto está aún peor, pero “a mal tiempo buena casa”. Nos hemos permitido un exceso y hemos celebrado la fiesta de nuestro santo fundado con unas truchas, de la “piscigranja” cercana y a costa de de los ahorros del Padre Alfonso. ¡Divinas las truchas fritas, con sus papitas y su yuquita frita. Mmmm!

Pero hay un tanto, tal vez uno solo, que nos podemos apuntar: la Virgen del Perpetuo Socorro está presente en muchos de los hogares y en todas las capillas, de tablas o de adobe, de todos los caseríos de la parroquia.  Ella es la punta de lanza de la misión. Es la es la que nos abre camino. Ella es la mejor garantía de la permanencia de la misión en estas del norte.

Las condiciones materiales no son buenas, la verdad, pero las incomodidades de aquí, son poca cosa, comparadas con el precio que tienen que pagar los cristianos de Oriente, por seguir a Jesucristo. Para ellos nuestro apoyo y nuestra oración.

Y para todos ustedes el deseo de que estés disfrutando de un feliz verano.

Un abrazo, en Cristo Redentor.

P. Arsenio Díez