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RENOVACIÓN MISIÓN DE OLIVARES
(11-17 de Febrero de 2012)
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Es la primera vez que escribo una crónica sobre una renovación de misión, pero en este caso, merece la pena hacerlo, ya que puedo resaltar más aspectos positivos  que  negativos. ¡Ahí va una breve reseña!

Hace ya año y medio, allá por el mes de Junio, fecha nada habitual en esto de las misiones populares, tuvimos, en la pequeña villa de Olivares, cercana a Sevilla capital, la “santa misión”, como  aún dice la gente que  participó en aquellas antiguas misiones predicadas por el P Ricardo Alonso o por el P. Fulgencio López Sáinz, aún recordados por los más viejos del lugar. La misión del año pasado fue todo un éxito, como ya escribió el cronista en su momento: éxito de participación en las asambleas donde cada noche se reunían no menos de ochocientos adultos; éxito por la participación de las tres hermandades, de pasión y de gloria, que hay en el pueblo; éxito por las celebraciones misionales de cada noche; éxito por la participación  de hombres y jóvenes; éxito por la ayuda económica recibida, que esto también es un gran milagro…
Yo tenía miedo de que después de año y medio se hubiese enfriado el ambiente religioso de entonces, pero no fue así. El sacerdote, ya de “cierta edad” y el pueblo seguían viviendo la propuesta misionera que presentamos entonces. Y así, se reunieron de nuevo treinta grupos cada noche, muchos de veinte y treinta personas; lo que yo no me imaginaba, la verdad. De nuevo, los hombres y jóvenes de las hermandades, se volcaron en la renovación.

Tal vez, lo mejor de esta renovación, ha sido el grupo de animadores de esas asambleas, que representan la élite de la continuidad.  Igualmente han sido muy concurridas las celebraciones,  de cada noche. Una verdadera fiesta para celebrar la fe, la Iglesia, el compromiso… Creo que la continuidad está asegurada para llevar adelante todo el proceso de postmisión, que como ya saben todos los cohermanos, dura de cuatro a cinco años.

¿Lo mejor? Pues las asambleas familiares, como siempre. Siempre me repito, pero, en verdad, éste es nuestro gran acierto y nuestra mejor aportación a las parroquias por donde vamos. Esto, que es los más difícil, es lo que permanece durante años.

¿Qué más decir? Que también atendimos a los niños de los dos colegios, que visitamos a un montón de enfermos, los más alejados de la vida parroquial y que nos quedamos sin zapatos de tanto caminar. Yo no sé cómo transcurría la jornada de los misioneros antiguos pero la nuestra es larga y la hacemos en la calle…

¿Qué más puedo decir? Que la vida de la Iglesia ahora mismo, está en el Sur de España. No me imagino yo estas misiones en mi pueblo de León.

¿Qué más decir? Que los jóvenes se dejan convocar por las hermandades y cofradías y que no nos queda más remedio abrirnos a esta realidad. No es posible rechazar esta religiosidad popular sin volvernos intransigentes. Tal vez deba ser educada y valorada en su justa medida, pero eso ya es otro tema. Ahí están muchos jóvenes alejados y de ahí se nutre el seminario mayor de Sevilla. ¡Ojo al dato!

Y después de este deshaogo, otras notas, menos optimistas. Creo que lo más negativo ha sido el escaso contacto con jóvenes. El párroco echaba humo por las orejas y estaba enrabietado, porque nos impidieron todo acceso al instituto. No sé si la directora y el jefe de estudios y el profesor de religión se condenarán, pero nos impidieron hasta poner un cartel en el tablón de anuncios del centro.  Lo cierto es que sólo tuvimos encuentro con los jóvenes de las hermandades.

Nada más. Si tengo que escribir otra crónica, tan floreada como ésta, lo haré con gusto; y más si es por las tierras del Norte, donde la propuesta religiosa es aún más difícil que en el Sur.

P. Arsenio Díez. CSsR