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EL REGALO DE LA MISIÓN COMPARTIDA
por Isabel y Baltasar.
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El Señor sabe hacer grandes regalos y el hombre puede transformarlos en alegría o en cargas. Un día se nos brindó la oportunidad de participar en las misiones populares, el miedo o la responsabilidad de la tarea nos pudo hacer verlo como una carga, sin embargo, fue el encuentro con las personas lo que nos hizo descubrir, poco a poco, el gran regalo recibido.

El corazón se va llenado de fuertes sentimientos y nuestro recuerdo de personas singulares, de rostros que nunca olvidaremos, aunque con el tiempo, sí de algunos nombres.  Personas que quisieron compartir con nosotros sus experiencias de vida, en muchos de los casos una vida dura, de entrega o de enfermedad. ¿Qué necesidad hace que durante la misión los corazones se abran y se hermanen? El calor que los une transciende más allá del calor humano. Agradecemos haber podido compartir un tramo del camino juntos, por pura gracia, pero de ese caminar común brota la experiencia de una fe que se alimenta con el encuentro, con la celebración y con la Palabra.

Nuestra colaboración en la misión ha sido discontinua en el tiempo, aún así, nos ha permitido conocer las distintas realidades que se viven en los pueblos de nuestra provincia. Contrastamos que a pesar de que las puertas de nuestras iglesias están abiertas, que la acción pastoral existe, la participación no es todo lo importante y fructífera que se espera.

Hemos vivido la dificultad para acceder al corazón de tantos matrimonios jóvenes, padres con niños en catequesis, que se cierran a la experiencia de Dios y de Jesucristo en la Iglesia. Llegan tiempos difíciles en los que la misión debe saber dar las respuestas del Evangelio adaptadas a las nuevas realidades. ¿Cómo hacer eso? Es el reto que tenemos que solucionar entre todos, pensamos que son necesarios nuevos métodos, mayor formación, una oración constante para pedir la presencia del Espíritu.

Entendemos que la misión hoy en día pide ser compartida entre religiosos y seglares, cada uno aportando y viviéndolo desde las riquezas de su realidad. Por eso, participar en la misión con el equipo del CESPLAN, es reconocer esa necesidad y abrir puertas de futuro a nuevas formas de colaboración. Les damos las gracias por su acogida y no olvidaremos nunca esta verdad tan hermosa que nos dijo un gran redentorista: “Que bonito que sea la misión quien nos une y hermana. Decir Misión es lo mismo que decir Jesucristo ¿Verdad?”
Ya nos recuerda Miguel Castro desde África que la misión del redentorista es: “cercana, abierta, alegre, reconciliadora, esperanzada y apasionante.” No ha podido definirla mejor.

La esperanza ya llega y acampa en la tierra, que su luz alumbre nuestra misión.

Isabel y Baltasar
(Granada)