MISIÓN PARROQUIA DEL STMO. CRITO DEL AMPARO
Barrio de Tiradores (Cuenca)
2 al 18 de Marzo de 2006

Hola a todos, mi nombre es José Carlos, y escribo esta breve crónica de los hechos acontecidos en mi parroquia durante los últimos meses.

Todo comenzó cuando nos enteramos de que se iba a celebrar una misión popular durante el mes de marzo. ¿Para qué? -pensé yo-, siempre acudimos los mismos y es un lío porque nos quita tiempo y al final no va a servir de nada. Tras charlar con unas religiosas que nos ayudan (muchísimo) en la parroquia, di mi brazo a torcer y accedí a participar en las mismas. Se celebraban unas charlas preparatorias los miércoles y allí observé que mis peores augurios se hacían realidad: las mismas caras de siempre y la misma media de edad. ¿Serviría para algo?

El siguiente paso, salir a invitar a todos los vecinos del barrio para que se corriera la voz y acudiera cuanta más gente mejor. Segunda decepción: la mayor parte de las casas se encontraban vacías y en las que nos abrían nos tomaban el tríptico informativo con un cierto aire de indiferencia y dejadez.

Ya estaba todo preparado, ahora sólo faltaba encomendarnos a la Virgen de Fátima para que todo saliera bien.

No hubo ningún problema en encontrar hogares donde celebrar las asambleas, y una hora tampoco era mucho tiempo: sigamos adelante -pensé-, luego pasa rápido. Nos entregaron unos cuadernillos con los temas y ciertamente eran interesantes. Recé, y mucho, para que aquello saliera bien, y mis plegarias fueron atendidas.

Es en este punto donde la cosa comenzó a cambiar en mi interior. Leí el primer tema en mi asamblea y charlamos distendidamente. La gente responde, aunque si bien no en número, sí en calidad. Las palabras de Jesús en el Evangelio se hacían realidad una vez más: "Donde dos o más os reunáis en mi nombre, allí estoy yo en medio de vosotros". Y así fue. Durante toda la semana nos reuníamos a las 7 de la tarde y daba gusto compartir con los mayores sus experiencias de Cristo, los problemas que nos acucian hoy en día, la manera de resolverlos: son las vivencias de la Iglesia, y ¡qué reacio había estado a la llamada de Jesús! Es cierto que a estas personas quizá les falta un poco de vivencia íntima, meditar e interiorizar lo que supone para ellos El Maestro, pero lo suplen con un corazón enorme y una bondad inconmensurable. La celebración del sábado, con todas las asambleas reunidas, fue preciosa, cada asamblea presentó un símbolo de lo que había supuesto para ella este ciclo de la misión.

Bueno, ahora hay que reunirse la semana siguiente a las 7.30 todos los días. ¿Pero no habíamos terminado ya? Me parte la tarde, pero está bien, iré. Pero qué necio soy, estaba cayendo de nuevo en el mismo error, y Cristo me tiraba de las orejas otra vez. Las celebraciones misioneras, preciosas, enfocadas desde un punto de vista interactivo que resultó a la postre revolucionario. La gente, que en un principio se mostraba reacia a las reuniones en las casas (estos Padres son muy raros, ¿por qué tengo que abrir mi casa a los vecinos? Seguramente terminarán pidiéndonos algo...), se daba cuenta de que todo tenía su explicación, y la segunda parte de la misión resultó definitiva. A mí particularmente, y creo hablar en nombre de todos, me recordaba las primeras comunidades Cristianas: Había amor y todo lo poníamos en común (gracias a las peticiones del Padre Miguel).

El último día recibimos la visita de nuestro Obispo, D. José María Yanguas, que ofició la misa de clausura de la Misión. Algo había cambiado en mi interior y pude comprobar que la gente responde, da igual la media de edad de los asistentes. Lo importante es no quedarnos cruzados de brazos pensando que nosotros no podemos cambiar esta sociedad. Solos quizá no, pero si aunamos nuestras fuerzas y confiamos en el Señor, seguro que sí podemos.

PD. Todos los días de la misión se celebraron misas por la mañana en los dos centros de la parroquia. No pude asistir a ninguna de ellas, pero sé de buena tinta que resultaron enriquecedoras y muy amenas. El Padre Manuel, y supongo que el Padre Miguel igual, explicaron el porqué de muchos de los ritos de la Eucaristía, algo que damos por sabido, pero que en el fondo no sabemos por qué se hace así.

Poco más puedo añadir, salvo que la Misión continúa siempre, y que por ahora en nuestros hogares de asamblea continuaremos con ella...

José Carlos Torrero Martínez
(Pichín para los amigos)